Hay ciertos momentos en la vida en los que no nos queda otra que estar exentos de las nuevas tecnologías. Sin embargo, como comentaba el otro día en la entrada de mi compañero Carlos, la tecnología ha vuelto a sorprenderme en un lugar en el que, por obligación más bien, no tenía acceso a ella: en los aviones.
Para mí el avión es como un somnífero; es sentarme y dormirme pero sé que soy un espécimen raro y a poca gente le pasa esto. Hasta ahora, en los vuelos nacionales, los insomnes de los aviones han podido utilizar sus dispositivos móviles en modo avión para escuchar música o trabajar con sus portátiles y mejor aún, ver series y películas que se han descargado previamente.
El domingo pasado Iberia me conquistó con una especie de intranet en la que puedes acceder a una amplia selección de contenidos. Para ello, solo tienes que activar la conexión Wifi en tu dispositivo mientras permanece en modo avión y acceder a su página: http://immfly.com. Inevitablemente, me picó la curiosidad y sucumbí a ella para comprobar si era mi salvación a los desvelos o una estafa como pensaba. Una vez que descubrí que funcionaba a la perfección me despedí mentalmente de todas aquellas cosas que llevaba en mi equipaje de mano para recurrir a ellas si el sueño me abandonaba.
Luego, volví a la realidad. Me había dejado llevar por el momento y como ya se sabe: no todo es color rosa. Esta prestación no está instalada aún en todos los aviones de la compañía y mucho menos en las líneas que solemos utilizar en España; menos aún que menos en las de bajo coste. Mientras que Iberia comienza a ofrecer este servicio y nos parece de lo más innovador, aerolíneas del resto del mundo ya ofrecen el servicio Wifi con todas sus ventajas. Este servicio "completo", por llamarlo de alguna manera, no es gratuito (solo en Norwegian, Turkish Airlines y Hong Kong Airlines) pero estoy segura de que los más adictos pagarían por seguir reduciendo esos momentos de desconexión tecnológica de sus vidas.
Cierto es que nunca he volado grandes distancias, mi mayor estancia en un avión ha sido de, más o menos, cuatro horas y sí, también las pase durmiendo. Quizá si tuviera que someterme continuamente a vuelos transoceánicos por ejemplo, sé que acabaría rindiéndome ante los pies de las nuevas tecnologías, agradeciéndoles que ya me permitan aprovechar mi escaso y valioso tiempo.